¿QUÉ ES Y QUÉ NO ES LA CONFESIÓN?

La confesión semanal, quincenal, o al menos mensual, es tu mejor aliado si quieres ser santo. Lumen Dei recomienda la confesión semanal, siempre que sea posible. Si quieres ser santo. Si quieres llegar a ser un cristiano auténtico -y no su caricatura- debes de conocer el gran regalo que nos ha dejado Dios en el sacramento de la Confesión. ¿Quieres llegar a ser un cristiano auténtico? Sigue leyendo.

POR QUÉ DEBO CONFESARME

Todo cristiano humilde que se precie sabe reconocer sus faltas. Este es el principio de la confesión. Porque aunque el cristiano auténtico reconoce que no es perfecto, aspira a serlo. Y es que ser perfecto no es un capricho. Es algo que Dios quiere de ti. Podemos verlo en la Biblia: “Cuando Abraham tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció, y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto” (Génesis 17:1). Y en el Evangelio: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en el cielo es perfecto” (Mateo 5:48).

qué es la confesión

¿Quieres ser perfecto?. La confesión es el primer paso hacia la perfección en la virtud cristiana.

El sacramento de la Penitencia o Confesión está instituido por Nuestro Señor Jesucristo. Prueba de ello es el Evangelio de San Juan 20,23. Les dice Jesucristo a los Apostoles: “A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados y a los que se los retengáis les quedan retenidos”.

Antes, en la Ultima Cena, Jesús les había ordenado sacerdotes cuando les dice: “Haced esto en memoria mía”, dándoles poder para consagración de su Cuerpo y Sangre.

Así como no hay nación civilizada donde un infractor grave de la ley pueda absolverse a sí mismo, sino que debe someterse a un juez, así en la sociedad sobrenatural de la Iglesia de Cristo, no nos podemos absolver de las infracciones graves de la ley de Dios si no es a través del sacerdote, que actúa en lugar de Cristo. Con la gran diferencia de que en este tribunal de la misericordia, el que se acusa culpable y arrepentido, por la Sangre de Cristo es devuelto a la inocencia ante Dios.

Si te excusas, Dios te acusa; si te acusas, Dios te excusa” (San Agustín).
Por eso, los que dicen que no tienen pecados no tienen remedio” (Cfr. 1ªJn 1,10).

 

Es muy común el error mortal -no sólo entre los protestantes sino también entre muchos “católicos”- decir que ellos se confiesan directamente con Dios. Diciendo esto, además de ir claramente contra la Sagrada Escritura, pretenden imponerle a Dios cómo tiene que perdonarles. El ofensor poniendo condiciones al Ofendido. Es Dios quien pone las condiciones, que están bien claras en el texto de San Juan, a través del sacerdote.
Hacer oración
Dicen: “¿Cómo un hombre pecador como yo va a perdonarme mis pecados?”. El sacerdote no perdona los pecados por sí mismo, sino porque por la imposición de las manos de un Obispo, sucesor de los Apóstoles, puede usar el YO de Cristo tanto para absolver los pecados como para consagrar el Cuerpo del Señor.

Este poder no depende de la santidad o maldad del sacerdote, sino de una institución divina trasmitida por el sacramento del Orden desde la resurrección de Jesucristo hasta hoy. Que un sacerdote perdonara en nombre de Dios los pecados dependiendo de sus méritos sería terrible.qué es la confesión

Porque el fondo del corazón del hombre no lo podemos ver. Nunca sabríamos si ese sacerdote está en pecado mortal o no, y por lo tanto, nunca podríamos saber si hemos sido realmente personados. Gracias a Dios, no es así.

Por eso, aunque el sacerdote fuera malo, Dios perdona. El penitente se salva por la confesión. El sacerdote malo se condenará por sus pecados -a no ser que se confiese arrepentido con otro sacerdote- pues no puede absolverse a sí mismo. En eso está con todos en igualdad de condiciones.

¿Qué ocurre con los que deseaban confesarse cuanto antes, pero murieron sin poder hacerlo? La respuesta del Catecismo nº980. “Para los que han caído después del bautismo, es necesario para la salvación este sacramento de la Penitencia, como lo es el bautismo para quienes aún no han sido regenerados” (Concilio de Trento).

Así como un no bautizado que desea ser bautizado y ya está preparándose para ello se puede salvar si muere antes, así también el que desea confesarse cuanto antes puede por ese deseo salvarse si está arrepentido por amor a Dios antes de morir. “La contrición (perfecta) perdona las faltas veniales; obtiene también el perdón de los pecados mortales si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental” (Catecismo nº1452).

Pero el que retrasa la confesión pudiendo hacerla pronto, en realidad no tiene actualmente ese deseo. Por eso decía San Agustín: “Desdeñada la confesión de los pecados, no habrá lugar para la misericordia” (San Agustin, Comentario sobre el Salmo 68).

LO QUE ES Y LO QUE NO ES LA CONFESIÓN

“La confesión no es un tribunal de condena. Es una experiencia de perdón y de misericordia”, comenta el Papa Francisco.
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Sin embargo, no debemos de confundir la confesión con un mero recurso psicológico para desahogarse contando sufrimientos. El sacerdote puede consolar a un alma afligida durante la confesión, pero lo principal del sacramento es la confesión de los pecados.

La confesión no es contar las virtudes propias o decir que rezo y comulgo mucho al confesor. Esto, por ridículo que parezca, se da.

Por eso dice Santa Teresa de Jesús: “La confesión es para decir culpas y pecados, y no virtudes” (Anotaciones 2, Santa Teresa).

La confesión no es contar los pecados ajenos, sino los propios. Si no se tiene esto en cuenta, podría uno salir del confesionario con más pecados que antes.

No sólo se trata de confesarse sino de hacerlo bien. Pues a Dios no se le puede engañar. “La confesión individual e íntegra y la absolución continúan siendo el único modo ordinario para que los fieles se reconcilien con Dios y con la Iglesia, a no ser que una imposibilidad física o moral excuse de este modo de confesión” (Catecismo número 1484). Individual significa un solo penitente con el sacerdote.

Muchas veces las absoluciones colectivas a varias personas a la vez no perdonan nada por falta del peligro de muerte o debida licencia del Obispo (Cfr. Misericordia Dei, San Juan Pablo II).

Íntegra significa diciendo todos los pecados mortales no confesados anteriormente que una persona con diligente examen se acuerde. Pecado olvidado, pecado perdonado. Y si me acuerdo después lo digo en la próxima confesión, sin dejar la Comunión por ello.

Pero si callo un pecado grave por vergüenza, no se perdona ni ése ni los otros pecados confesados. Y salgo de la confesión con otro pecado grave: el sacrilegio.

“El que no quisiere experimentar la bondad de Dios confesando sus culpas, experimentará su justicia por haberlas callado” (San Juan Crisóstomo).

Si te ha pasado esto, debes repetir otra vez la confesión desde la última confesión bien hecha. Si pides ayuda al sacerdote, te hará las preguntas necesarias y te ayudará en tus dudas. “Se reprueba cualquier uso que restrinja la confesión a una confesión genérica o limitada a sólo uno o más pecados considerados más significativos” (Misericordia Dei, San Juan Pablo II).Hacer oraciónPero la confesión, aunque sea individual e íntegra, no es una máquina automática que borra pecados como una lavadora quita manchas. Es necesario el verdadero arrepentimiento, que suele verse si lo hay o no por los hechos. ¿A qué hechos me refiero? Quitar la ocasión de pecar siempre que se pueda.

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“Si tu ojo derecho te hace caer arráncatelo” (Mt. 5,29). Si no me alejo de esa mala compañía, de esa fuente de pornografía que me hace caer, si no acepto las enseñanzas de la Iglesia Católica, no estoy arrepentido, por más que llore. Si no devuelvo lo robado pudiéndolo hacer no se perdona el pecado. Esto es otra razón por la que Jesucristo quiso instituir un intermediario (el sacerdote) para perdonar los pecados. Porque nadie es buen juez en su propia causa.

Por eso, la Iglesia exige la confesión del pecado grave antes de la Comunión, pues de lo contrario se multiplicarían los hipócritas que comulgan y no dejan la ocasión del mal ni devuelven lo robado, provocando gran escándalo a los fieles.

Si no me reconcilio por la confesión con Dios, recibir el Cuerpo de Cristo es un beso de Judas. “Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la reconciliación antes de acercarse a comulgar” (Juan Pablo II, Ecclesia de Eucaristía, nº 36c).

EL MEJOR MOMENTO PARA CONFESARSE

Así las cosas, la confesión no es sólo para cuando se cometa pecado mortal. También sirve para limpiar el polvo de los pies (pecados veniales) y atraer especiales ayudas del Cielo.

qué es la confesión
Y no caigamos en el otro extremo. No hay que esperar a confesarse cuando veamos que ya no volveremos a caer. Dios, infinito en misericordia, no se cansa de perdonar. Le gusta perdonar. Porque nos ama.

¿Acaso esperamos a curarnos primero para ir al médico?

Los santos no son los que nunca cayeron sino los que siempre se levantaron. No quieras permanecer ni un día seguido en pecado mortal.

“Errar es humano; perseverar en el error es diabólico”, San Agustín de Hipona.


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10 Comentarios

  1. MARIA CECILIA 18 abril, 2017
    • Unión Lumen Dei 20 abril, 2017
  2. Angela Acosta 2 abril, 2017
    • Unión Lumen Dei 3 abril, 2017
  3. Omar 20 febrero, 2017
    • Unión Lumen Dei 20 febrero, 2017
  4. Jesús Riius 4 diciembre, 2016
    • Unión Lumen Dei 4 diciembre, 2016
  5. Manuel Carvallo Rencoret 3 diciembre, 2016
    • Unión Lumen Dei 3 diciembre, 2016

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