LA BELLEZA DE UN ALMA INOCENTE

Te sorprenderías al saber cuántas veces me he quedado prendado al contemplar la belleza espiritual de un alma inocente. Esa inocencia espiritual. Esa admiración al recordar a esa persona de la que nunca vi una sombra de maldad. ¡Qué hermosa es la pureza!. ¡Cuánto desearía verme libre de tantas pasiones egoístas que me hacen sufrir a mi y a los que me rodean. ¿Alguna vez has sentido lo mismo?

¿Sabes?, todos los videntes santos y no santos que dicen haber visto a la Santísima Virgen coinciden en que es una hermosa mujer. Dicen que tiene una hermosura que, lejos de poner en tentación, inspira toda clase de sentimientos nobles. Creo que no exagero si digo que la virgen es la criatura más bella creada por Dios. Por eso Lumen Dei quiere tener esta especial devoción siguiendo el ejemplo de San Maximiliano Kolbe, el «loco de la inmaculada».

¿Quieres saber qué es lo que atrae el corazón del hombre?. El bien. El bien deleitable; el útil y honesto. En realidad, el bien útilo no es más que un medio para conseguir uno de los otros dos bienes.

El mundo de hoy está hipnotizado por toda clase de bienes deleitables. Estamos en la sociedad del bienestar. El bien útil que nos lo pone delante es el dinero. Basar nuestra vida en esta filosofía materialista es reducirla a la animalidad.

El bien deleitable solamente es lícito y justo en la medida en que fluye como consecuencia de lo que debería ser siempre nuestro principal interés: el bien honesto.

¿Y qué es el bien honesto? El amor del bien por sí mismo, no porque simplemente me beneficia. Es la práctica de la pureza de intención en todo: comer para servir mejor a Dios y al prójimo, trabajar para ayudar a la sociedad, me divierto para hacer feliz a los demás, rezo para que se cumpla en todo la voluntad de Dios… Practicar el bien honesto nos libera del pecado común: el egocentrismo. Con el bautismo nos libramos del pecado original, pero queda la inclinación a ese pecado común entre todos los pecados posibles.

Dios, además de su gracia, nos ilumina con ejemplos que arrastren nuestro pesado corazón: los santos, y entre todos ellos principalmente Jesucristo. Pero como Jesucristo es un Hombre-Dios, nos quiso dejar un ejemplo más parecido a nosotros en su naturaleza, su Madre, la Inmaculada. Su nombre nos dice que ella es la sin mancha, ajena a toda impureza. En ella vemos la irradiación del bien divino sin estorbos. Toda ella es revelación de la Luz Eterna en lo creatural. Por eso cuanto más la conocemos más nos enamora.

El enamoramiento es un amor que deja atrás nuestra pobre racionalidad. Es un amor que se convierte en obsesivo y gustosamente esclavizante. Es un amor que transforma irresistiblemente al amante en el amado. Si el amado es un bien falso, como cualquier ídolo de este mundo, el amante se embrutece y queda esclavo del mal. Si el amado es la honestidad sobrenatural personificada en la obra maestra de todo un Dios, la Inmaculada, el amante se ‘marianiza’, de diviniza, y sin saberlo ilumina todo a su alrededor, conquista la verdadera belleza, es seguido y admirado por los que buscan el bien, hay una reacción en cadena. Así crece el Reino de Dios.

¡Qué importante es para nosotros la Inmaculada! Es incontestable que Dios vino al mundo a través de ella. Toda la figura de Cristo la tomó de la carne de ella. La manifestación de Dios se dibuja con el ser de María. No se le puede ignorar ni rebajar. Desaparecería Jesús de nuestro horizonte. No hay Jesús sin María. Por eso dijo San Juan Crisóstomo: “Ningún pecador se puede salvar sino por medio de la Virgen, la cual, con su intercesión poderosa, salva a muchísimos que en rigor de justicia se hubieran condenado”.

Si no meditas en las virtudes de la Inmaculada ¿cómo la vas a amar? Si no la amas ¿cómo la vas a imitar? Dios nos alimenta de la divina gracia mirándola nosotros a ella. Piensa en lo que ella haría en tu lugar y hazlo, Lo que ella no haría tú no lo hagas. Di lo que ella diría, y lo que ella no diría tú no lo digas. Piensa cómo pensaría ella, y lo que de ninguna manera ella pensaría, tú tampoco. Dírás que eso es demasiado difícil. Pero si te enamoras de verdad, aunque no seas como ella siempre, te encantará serlo muchas veces.


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6 Comentarios

  1. María J 12 diciembre, 2016
    • Unión Lumen Dei 12 diciembre, 2016
  2. Manuel Carvallo Rencoret 12 diciembre, 2016
    • Unión Lumen Dei 12 diciembre, 2016
  3. wilaon 12 diciembre, 2016
    • Unión Lumen Dei 12 diciembre, 2016

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