Para nuestros Colaboradores, Amigos y Ejercitantes.
Madrid, 22 de junio de 2010 Para nuestros Colaboradores, Amigos y Ejercitantes. Queridos hermanos y amigos: Paz y Bien. Ha pasado ya un año desde que la Santa Sede pusiera en mis manos pequeñas y frágiles, esta dulce encomienda de acompañar un carisma de Dios. A lo largo de este año cargado de bendiciones, he podido compartir momentos entrañables con los miembros de Lumen Dei: Padres y seminaristas, Hermanas y matrimonios. Y cómo no, con los ancianitos y pobres que son favorecidos por la labor de estos hermanos nuestros. Al igual que manifesté en la carta que les dirigiera hace ya casi un año, reitero que me siento satisfecho por la respuesta recibida por parte de los miembros de esta amada Asociación eclesial. Han querido y sabido acoger, plena y filialmente, a quien el Santo Padre envió como Comisario Pontificio y Superior General. Como Vds. saben, Lumen Dei ha pasado por un período muy difícil. Periodo en el que el Señor ha permitido que el oro se purifique en el crisol del sufrimiento, la incomprensión y la calumnia. Periodo largo, en el que junto al trigo creció también la cizaña, queriendo ésta ahogar al buen trigo. Pero nosotros no somos notarios de una herida, de una tragedia, de una injusticia que ha sembrado la insidia, sino testigos de algo que está naciendo de nuevo ... "Tengo ante mis ojos, sólo tu bondad, Señor". He podido ver las obras que Dios ha realizado a través de éste pequeño instrumento de Lumen Dei. Puedo afirmar que a pesar de los momentos criticos que se han vivido, a causa de escasez de ayudas, no cesaron en ningún momento de trabajar denodadamente para sacar adelante a los "machacados" que viven en la miseria. Pude visitar las Comunidades que tiene Lumen Dei en Perú, Chile y Argentina. En estos tres países, he podido asomarme a una obra grande, viendo rostros de hermanos y hermanas que se sacrifican y trabajan por los demás, he visto la pobreza en la que viven, he compartido su vida sencilla, silenciosa y abnegada. A medida que voy penetrando en su espiritualidad, me afianzo más en el pensamiento de que Lumen Dei es un don de Dios para toda la Iglesia. Les animo a no cesar en su empeño de ayudar al mismo Cristo en la figura de los más necesitados, a través de Lumen Dei, como siempre lo habían hecho. En la visita realizada a lo largo de estos países de América, yo mismo he sido testigo del alcance que tiene esa colaboración de Vds. a favor de los más indigentes. Contamos con su apoyo en esta obra que Dios, a través del P. Molina y de la Hna. Josefina, nos ha dado a toda la Iglesia con Lumen Dei. Esta historia que con ellos da comienzo, no se interrumpa bajo ningún concepto. Tengo muy presente su intercesión, les pido a ellos que nos sigan acompañando y sosteniendo. Por favor, su ayuda, su colaboración es imprescindible para continuar haciendo el bien. Les doy las gracias en nombre del Señor y de los más pobres. Gracias por su buen empeño, por las oraciones que han elevado a la Madre de Dios para alcanzamos tantas gracias para toda la obra. El Señor os bendiga y os guarde. Mons. Jesús Sanz Montes, ofm. Comisario Pontificio de la Unión Lumen Dei Arzobispo de Oviedo Adm. Aposl. de Huesca y Jaca
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