Cofundadora y Primera Presidente General Adjunto del Sector Femenino de la Unión Lumen Dei
Nació en Caracenilla (Cuenca, España) el 27 de mayo de 1948. A los 20 años conoció al P. Rodrigo Molina, quien acababa de incoar, en el Cuzco, (Perú), lo que hoy es
la Sociedad Familiar Eclesial Unión Lumen Dei.
Primer Miembro de
la Asociación al frente del Sector Femenino como Presidente General Adjunta. Transcurrió su vida, durante 30 años, a la sombra del Padre, secundando sus iniciativas, plasmando en el alma de las Hermanas y señoras del Sector Matrimonial el espíritu que el Señor ha querido infundir a través del Fundador en esta nueva Familia Eclesial: Ser “Luz de Dios” en este mundo, viviendo el radicalismo del Evangelio de Jesús al estilo de la primitiva Iglesia de Jerusalén para conseguir, primero, la santidad propia, y segundo, hacer de toda actividad laboral, en especial la docente mediante centros docentes o discentes y medios de comunicación, una plataforma apta para extender el Reino de Jesucristo, Rey del Universo, de modo preferencial entre nuestros hermanos los más desheredados.
La arrastraba el amor...: obra suya es el Hospital para los quechuas desheredados que tantas vidas ha salvado. Ofreció su vida por Lumen Dei y por la salud del P. Molina. El Señor acogió ese ofrecimiento y después de tres años de desgarradora enfermedad, su alma preciosa salió al encuentro de Dios que vino a buscarla en Madrid, rodeada de sus hijas, el 5 de octubre de 1999.
Fue ejemplo de sencillez abnegada, de olvido de sí... Como estaría Santa María al pie de la cruz gastándose y desgastándose para gestar en el dolor a
la Iglesia de su Cristo, también Lumen Dei es fruto de la maternidad virginal y fecunda de
la Hna. Josefina. Heroica en su conformidad absoluta al Querer de su Padre Dios, consecuente hasta el fin a su donación generosa, oblativa y universal sellada mediante la emisión de sus votos treinta años atrás. Instante feliz en el que teniendo presente toda su vida tuvo el gran acierto de ofrecerla de una vez para siempre a su Dios.
«¿Por qué buscáis a
la Hna. Josefina entre los muertos? Su muerte fue vida: en Josefina ha triunfado Dios, que le inspiró identificar fidelísima y delicadamente su voluntad con
la Divina, durante su muerte y durante toda su vida.
¡Cómo la ama el Padre! ¡Cómo la abraza el Hijo! ¡Cómo la compenetra e intima con Dios el Espíritu Santo!
Unida con Dios para siempre, goza de la presencia de Dios: ella es permanencia; ¡está presente entre nosotros!
¡Oh feliz Josefina: vives ya las dimensiones de Dios! ¡Acuérdate de nosotros que vivimos en este valle de lágrimas, lleno de opacidad para Dios! Y concédenos las gracias que con toda confianza te imploramos».
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