Por consiguiente, Dios se inclina hacia los necesitados y los que sufren, para consolarlos; y esta palabra encuentra su mayor densidad, su mayor realismo en el momento en que Dios se inclina hasta el punto de encarnarse, de hacerse uno de nosotros, y precisamente uno de los pobres del mundo. Al pobre le otorga el mayor honor, el de “sentarlo con los príncipes”, sí, “con los príncipes de su pueblo”. (S.S. Benedicto XVI, Catequesis 18-5-2005)
El dolor de nuestros hermanos nos interpela: son muchas las necesidades que hay que remediar. Lumen Dei se ha impuesto el deber de atenderlos. Y de esta manera hacemos el esfuerzo para llevar adelante comedores, hospitales, ancianatos… destinados a los hermanos más necesitados.
Sabemos que no basta con darles “cosas”, hay que darles con ellas al único que llena de sentido nuestra vida: ¡Dios! Por eso en Lumen Dei las obras de caridad son como un primer peldaño que permita a las personas estar abiertas para recibir la gracia de Dios.